martes, 22 de septiembre de 2026

BOECIO

 


Los materiales que constituyen la obra están dispuestos en cinco libros, cada uno de los cuales se compone de varias prosas y versos intercalados. En el libro primero expone Boecio los motivos de su aflicción; y la filosofía, que se le aparece en forma de dama de porte majestuoso, le hace ver ante todo que su mal consiste en haber olvidado cuál es el verdadero fin del hombre, ofuscado como está en su desesperación. En el libro II se hace un análisis de lo que es la fortuna y de los bienes ficticios que ella procura, así como de los bienes reales que una fortuna adversa puede traer consigo. En el libro III enseña la filosofía que todos los hombres quieren naturalmente la bienaventuranza, pero su fuente no puede estar en los bienes particulares, sino en el bien universal y supremo que es, a la vez, uno: Dios. En el libro IV trata de conciliar la bondad divina con la existencia del mal en el mundo y distingue la Providencia del hado. Y en el libro V se enfrenta con el problema de hacer compatible la omnisciencia providente de Dios con la libertad de la voluntad humana, haciendo el análisis del tiempo y la eternidad.


PROSA SEGUNDA

1.–”Pero no es ahora tiempo de lamentos —dijo la mujer aparecida—, sino de poner el remedio”.

2.– Y fijando en mí sus fúlgidos ojos: “¿No eres tú —me dijo— el que, alimentado un tiempo con mi propia leche y educado bajo mis solícitos cuidados, te habías desarrollado hasta adquirir la energía de un hombre?

3.– ”Yo te proporcioné armas que, de haberlas conservado, te hubieran permitido defenderte con invicta firmeza.

4.– ”¿No me conoces? ¿Por qué ese silencio? ¿Es la vergüenza o es el estupor lo que te hace callar? ¡Ojalá fuese la vergüenza! Pero no, ya veo que te anonada el estupor”.

5.– Y viéndome no sólo callado, sino en verdad mudo y aturdido, acercó dulcemente su mano a mi pecho y dijo: “No hay peligro; es sólo un letargo lo que sufre, la enfermedad de todos los desengañados.

6.– ”Ha perdido momentáneamente la consciencia; no le será difícil recobrarla, si llega a reconocerme. Para que pueda conseguirlo voy enseguida a limpiar sus ojos, oscurecidos por la nube de cosas terrenales”.

7.– Dijo, y con un pliegue de su vestidura enjugó mis ojos bañados en llanto.


METRO TERCERO

Entonces, disipada la noche, se desvanecieron las tinieblas que me cercaban y volvieron mis ojos a su prístino vigor. No de otro modo cuando las nubes se amontonan al soplo del Coro desencadenado, cuando el cielo parece que se ha detenido por la carga de lluviosa cerrazón, el sol se oculta, cerniéndose oscura noche sobre la tierra, aun cuando no haya llegado al horizonte la estrella de la tarde. Pero si Bóreas (viento del norte), saliendo de sus antros de Tracia azota con sus alas aquella tiniebla y deja en libertad al día aprisionado, brotan doquiera torrentes de luz y Febo hiere con los dardos de sus rayos los ojos que asombrados lo contemplan.


PROSA TERCERA

1.– Por semejante manera, ahuyentadas las nubes que me ensombrecían de tristeza, miré con avidez la luz del cielo; y recobrados mis sentidos, pude reconocer el rostro de aquella que me curaba.

2.– Así, pues, volví mis ojos para fijarme en ella, y vi que no era otra sino mi antigua nodriza, la que desde mi juventud me había recibido en su casa, la misma Filosofía.

3.– “¿Y cómo —le dije— tú, maestra de todas las virtudes, has abandonado las alturas donde moras en el cielo, para venir a esta soledad de mi destierro? ¿Acaso para ser también, como yo, perseguida por acusaciones sin fundamento?”

4.– “¿Podría yo —me respondió— dejarte solo a ti que eres mi hijo, sin participar en tus dolores, sin ayudarte a llevar la carga que la envidia por odio de mi nombre ha acumulado sobre tus débiles hombros?

5.– ”No, la Filosofía no podía consentir quedara solo en su camino el inocente; ¿iba yo a temer ser acusada?; ¿iba yo a temblar de espanto, como si hubiera de suceder

lo nunca visto?

6.– ”¿Crees que sea ésta la primera vez que una sociedad depravada pone a prueba la sabiduría? ¿Acaso entre los antiguos, anteriores a la época de mi discípulo Platón, no he tenido que sostener duros combates contra los desatinados ataques de los necios? Y viviendo Platón, ¿no triunfó su maestro Sócrates, gracias a mi asistencia, de una muerte injusta?

7.– ”Luego, la turba de los epicúreos primero, la muchedumbre de los estoicos después, y sucesivamente las demás escuelas y sectas, cada cual según sus medios, han intentado asaltar mis dominios; y al arrastrarme, a pesar de mis clamores y de mis esfuerzos, para no

quedarse sin su parte de botín han destrozado la vestidura que por mis propias manos me tejiera, y llevándose jirones han abandonado la lucha, imaginando que me habían hecho suya. pp. 31-34.


METRO SEXTO

”Aquel que confiara el grano a los surcos

esquivos en el tiempo en que bajo los ardientes rayos de Febo se abrasa la constelación de Cáncer, vería defraudadas las esperanzas que hubiera puesto en Ceres y no tendría otro recurso sino dirigir sus pasos hacia los bosques donde crece el roble.

No vayáis a buscar violetas al prado teñido

de púrpura, cuando en la estremecida llanura sopla el furioso aquilón; no queráis con mano ávida vendimiar en primavera, si es que pretendéis saborear los racimos: es en otoño cuando Baco prefiere prodigar sus dones. Cada estación tiene su misión propia, escogida por el mismo Dios, quien no permite se trastorne el orden por Él establecido.

”De la misma manera, precipitar el curso de

las cosas, abandonando el plan prefijado, jamás conducirá a un desenlace feliz. p. 52.


METRO SÉPTIMO

”Velados por oscura nube, los astros no

pueden difundir su luz. Si el océano se ve

agitado por las furiosas olas que el Austro

desencadena, la linfa, antes pura y semejante a un día sereno, se mancha con el fango removido y no deleita al mirarla. El torrente salvaje que baja de las alturas con frecuencia va a chocar con los peñascos desprendidos de la montaña desmoronada…

”Tú, igualmente, si quieres percibir la

verdad en todo su fulgor y avanzar por el

camino recto, deja a un lado las bulliciosas

alegrías, aleja de tu corazón el temor, desecha la esperanza, ahuyenta todo dolor. Bajo el dominio de esas pasiones, pesada niebla se cierne sobre el espíritu, que se siente como atado con fuertes cadenas”. p. 56.


13.– ”¿No aprendiste de niño que a la entrada del templo de Júpiter había dos toneles, uno lleno de bienes y el otro de males?

14.– ”¿Qué tienes, pues, que decir, si hasta ahora te han tocado en suerte más bienes que males, si yo no me he separado del todo de ti, si mi misma versatilidad es para ti motivo de esperar días mejores? No decaiga tu ánimo: busca tu puesto otra vez entre los demás mortales y no aspires a vivir siempre en situación privilegiada. p. 64.


***


8.– ”Y puesto que el afán de conservar la vida es lo que domina a los mortales, ¿no te he de reputar por hombre feliz, conociendo los bienes que posees y sabiendo que aún retienes lo que se estima más que la misma

vida?

9.– ”Enjuga tu llanto, que no te ha abandonado del todo la fortuna, ni es tan pavorosa la tempestad que te envuelve: siguen inconmovibles sólidas áncoras que te reservan el consuelo del día de hoy y la esperanza del mañana”.

10.– “Oh, sí —dije—; que no me abandonen es lo único que pido. Pues mientras en esas áncoras me vea afianzado, cualesquiera que sean mis azares me salvaré del

naufragio. ¡Pero ya ves cuánto ha rebajado mi dignidad!”

11.– Continuó la Filosofía: “Algo he conseguido en mi intento de aliviarte, si ya no estás del todo descontento con tu suerte. Mas no puedo tolerar las exigencias de tu

irritada sensibilidad cuando con tanta amargura te quejas de que algo falta para tu dicha.

12.– ”Porque, ¿quién es tan absolutamente feliz que no pueda oponer la menor objeción sobre las condiciones de su vida? El anhelo ansioso es la suerte de las humanas dichas, que nunca llegan completas, ni son perpetuamente duraderas.

13.– ”Aquél nada en la abundancia, pero siente la confusión de su humilde origen; éste, que debe a la nobleza su renombre, encerrado en las estrecheces de un patrimonio mezquino, quisiera más no ser de nadie conocido.

14.– ”Unos no carecen de nobleza ni fortuna, pero algo tienen que lamentar porque viven en celibato; otros habrán hecho un buen partido con su matrimonio, mas no estarán contentos porque no teniendo hijos, disfrutarán de la fortuna que ellos amontonan quienes no llevan su sangre. Hay quienes, satisfechos por tener descendencia, llorarán abrumados por la mala conducta de los hijos o de las hijas.

15.– ”Así, pues, nadie está contento con su suerte; en todos los estados y condiciones hay algo que apetece quien no lo conoce, y que, después de probado, causa hastío.

16.– ”Además, el hombre, cuanto más feliz, más exigente se muestra; y si no tiene a su alcance todo lo que desea, muy pronto se abate ante los más pequeños reveses, ya que no sabe sufrir: ¡así son de ligeras las contrariedades que impiden a los favorecidos de la Fortuna llegar al colmo de su bien! pp. 72, 73.


METRO OCTAVO

”Si el universo deja contemplar una maravillosa sucesión de acontecimientos dentro de la más perfecta armonía y con multiplicada variedad, si elementos entre sí dispares y opuestos operan como ateniéndose a un pacto de perpetua alianza; si Febo trae en su carro de oro la rosada luz del día y Febe preside las noches guiadas por Héspero; si el mar avasallador

contiene sus ondas para que no traspasen

los linderos que una mano suprema le ha

fijado; si la tierra insegura no dilata a lo lejos sus fronteras; si todas las cosas se suceden y encadenan de este modo, es porque las tierras y los océanos obedecen a un guía que también manda en los cielos: el amor.

”Si él aflojara sus riendas, todos los seres

que ahora se aman, se harían guerra cruel; y si actualmente en perfecta inteligencia provocan movimientos armoniosos, entonces rivalizarían por destruir la máquina del universo.

”El amor es el que une a los pueblos y los

conserva en una santa paz; él estrecha los lazos santos del matrimonio con la más casta ternura; el amor es el que dicta sus leyes a los amigos fieles.

“¡Qué feliz sería el género humano, si el

amor que gobierna los cielos gobernara

también los corazones!”. pp. 95, 96.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

EL AULLIDO DEL LOBO

 


Ciertamente no tiene ningún sentido renunciar a los logros científicos y tecnológicos del mundo moderno, y menos aún tiene ningún sentido glorificar el pasado y querer irse a "vivir a las ruinas", pero es loable querer superar las "patologías" de la Modernidad y dejar de vivir de espaldas a la idea de Verdad y a la idea de Trascendencia. p. 34. 


GONZALO RODRÍGUEZ GARCÍA 

Orientaciones espirituales para jóvenes guerreros (y amazonas) 

BOECIO

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